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Antonio Yúnez Naude (Centro de Estudios Económicos y PRECESAM, El Colegio de México) Fernando Barceinas y Gabriela Soto Ruiz (Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco)
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Y es que en México, a pesar de todas las apariencias de modernidad, nada muere por completo. Es como si el pasado sólo entrase en receso, guardado en un sótano de cachivaches inservibles. Y un buen día, zaz, la palabra, el acto, la memoria más inesperada, se hacen presentes…” Carlos Fuentes, Calixta Brand
Sintesis Nuestra reflexión sobre el campo mexicano al inicio del siglo XXI parte de los cambios sustanciales en materia de política agropecuaria y rural que el país ha experimentado desde la crisis macroeconómica de la primera mitad de los años 80 y que culminaron con la inclusión del sector agropecuario en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); también toma en cuenta las polémicas que tales reformas han inducido en la opinión académica gubernamental y pública. Así por ejemplo, la percepción de las tres últimas administraciones mexicanas ha sido que el libre comercio, así como las reformas internas en materia agropecuaria, provocarían una transformación del sector y un aumento del ingreso de los mexicanos. Desde otro punto de vista, los críticos argumentan que el TLCAN redundó en una mayor dependencia alimentaria del país y un incremento de la pobreza rural.[1] En general, se esperaba que las reformas y el TLCAN fueran el medio a través del cual el sector rural se capitalizaría y se conformara, en consecuencia, una visión empresarial entre los productores. En particular, el razonamiento económico tradicional sobre los efectos de la liberalización interna y comercial en una economía “pequeña” como la mexicana es que, con este cambio de política, imperaría la “ley de un sólo precio”. Es decir, que los precios internos serían similares a los correspondientes en el mercado internacional y, en el caso de los productos agropecuarios, los precios en México de los bienes importados convergerían con los de los EUA y serían menores. Entonces, y además del crecimiento del comercio en Norteamérica, se predijo que con el cambio en los precios relativos se modificaría la estructura de la oferta agropecuaria mexicana: en el caso del subsector agrícola, produciendo más cultivos competitivos o de exportación (hortalizas y frutas) y menos cultivos no competitivos o importados (granos y oleaginosas). Asimismo, la mayor competencia externa provocada por la apertura comercial induciría el uso más eficiente de los recursos del campo, mayor productividad rural y más ingresos, pero a costa de un menor empleo agropecuario. Estos procesos acelerarían la emigración de los trabajadores del campo a otras actividades internas y, al menos en el corto plazo, a los EUA. Por otra parte, con las reformas al Artículo 27 Constitucional de 1991 se trata de dar seguridad jurídica a la propiedad de la tierra y fomentar, de esta forma, su uso productivo. Por último, la transformación agropecuaria esperada sería reforzada por el crecimiento de la inversión, sobre todo la extranjera directa, y por un incremento del crédito privado hacia el sector. En anteriores investigaciones,[2] nos hemos dado a la tarea de demostrar formalmente si el TLCAN ha provocado un cambio estructural en el comportamiento de las principales variables económicas sectoriales, tales como los precios y los volúmenes de comercio por producto, acordes con los resultados esperados y asociados a la liberalización comercial. También hemos ofrecido una explicación del porqué ciertos resultados no se alcanzaron, misma que se centra en el papel de las políticas agrícolas y en la reacción diferencial de los productores como resultado de su heterogeneidad. En este orden de ideas, el propósito de este artículo es, además de resumir dichos resultados, ofrecer nuevas pruebas de cambio estructural en superficie sembrada y productividad, así como centrarse en los problemas de migración e ingresos rurales después de 10 años de TLCAN y de alrededor de 15 años de reformas internas en materia de política agropecuaria. El texto está dividido en seis partes. En la primera presentamos los principales componentes de la liberalización agrícola acordada entre México y los EUA y un resumen de las reformas a las políticas internas del sector que han adoptado los tres últimos gobiernos mexicanos, previos al del Presidente Fox. Dedicamos la segunda parte a sintetizar los resultados econométricos que hemos obtenido para poner a prueba la hipótesis de que el TLCAN provocó cambio estructural en los precios, en el comercio internacional y en la superficie sembrada y rendimientos de los principales cultivos importados y exportados por México. En la tercera parte revisamos el comportamiento de la emigración rural. En la cuarta parte, y a partir de la Encuesta de Ingreso-Gasto de los Hogares de 2002, presentamos resultados de un análisis comparativo de los determinantes del ingreso salarial entre los sectores rural y urbano, con particular énfasis en el capital humano y su depreciación. A la luz de nuestros hallazgos y de los acontecimientos políticos recientes en el área rural, en la quinta parte discutimos los cambios en la política agropecuaria y rural del presidente Fox. Finalizamos el artículo con una reflexión respecto al futuro del campo mexicano. [1] Estudios recientes que concluyen lo último son los de Schwntesius y Gómez Cruz: 2003 y de la Carniege Endowment for Internacional Peace: 2003. [2] Yunez-Naude y Barceinas: 2002, 2003a y 2003b.
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